miércoles, 14 de noviembre de 2012


El restaurante más antiguo

El año 1860 asumió la presidencia Santiago Derqui y juraron como gobernadores Justo José de Urquiza en Entre Ríos y Bartolomé Mitre en Buenos Aires. La incorporación de esta provincia al territorio de la República permitió que por fin se lograra la unión nacional, perseguida desde cincuenta años atrás.
En el tiempo en el cual Derqui, Mitre y Urquiza captaban la atención política, el inmigrante gallego Manuel García instaló en la calle Victoria 133 (hoy Hipólito Yrigoyen y Piedras) una Fonda y Botillería en donde se consumía, entre otras cosas, café con achicoria (era el café que se tomaba antes de que se creara el torrado), vinos y horchata (refresco de aquellos tiempos), además de la tradicional cocina española.
El imparcial
Fachada del local original en Victoria 133.
La Fonda de García pasó a llamarse El Imparcial y contó con novedades que le dieron un toque precursor. Por ejemplo, su dueño colocó un vistoso letrero en la Estación Central del Ferrocarril (estaba en la vereda impar de la actual avenida Alem, entre Mitre y Perón) anunciaba: “Gallina hervida, puchero de garbanzos, vino carlón, yerba y cigarrillos”.
Otra novedad fueron los baños. En las pulperías, “eran al aire libre”. Por eso, el aporte de García fue bienvenido. Un baño interior y -sobre todo- limpio, era un excelente argumento para captar clientes.
Mientras la fonda se desarrollaba, la ciudad también lo hacía. Los vaivenes edilicios y viales llevaron a los hijos de García a mudar El Impacial en dos oportunidades: primero a las actuales Hipólito Yrigoyen y Bernardo de Irigoyen, y por fin en 1933, a su ubicación actual en Salta e Yrigoyen.
Resurgimiento
El derrumbe de un hotel en 1965 dañó parte del restaurante. Fue reciclado.
Serrat, guía de turismo de lujo, nos da más letra:

Aquí puede escucharse un fragmento del tango “El Imparcial” que le dedicaron al restaurante:
Con 150 años de vida y millones de platos servidos, El Imparcial es el decano de los restó porteños.
Los fans se agrupan en la página de Facebook de El Imparcial, donde además encontrarán información extra.
Audio e imágenes: Gentileza El Imparcial y Tresymedia.

Quiénes le pusieron los nombres a nuestra playas

¿De dónde surgen los nombres de Miramar, Ostende, Santa Clara del Mar…?
San Bernardo: Era el nombre de la estancia de Enrique Duhau, propietario de aquellas tierras.
Santa Teresita: Enrique Duhau casó con Teresa Lacroze, sobrina de Federico y Julio (propulsores del tranvía en la ciudad de Buenos Aires). En el límite de la estancia San Bernardo existía un almacén llamado Santa Teresa en honor a la señora de Duhau. Luego, al crearse un nuevo balneario, los fundadores pensaron llamarlo como al almacén, pero optaron por el diminutivo, Santa Teresita.
La Lucila del Mar: Suele repetirse que su nombre se debe a Lucila Zapateiro, hija de Andrés, quien compró una parte del campo a Duhau. Sin embargo, el lucilense Carlos Abruzzese refuta la historia con un argumento simple: Lucila Zapateiro nació unos diez años después que el balneario. El nombre de La Lucila proviene de la localidad homónima, en el partido de Vicente López, de donde provenían compradores de los primeros lotes. El “del Mar” se agregó más adelante. ¿Y aquella Lucila que inspiró a la localidad en Olivos? Era Lucila Anchorena de Urquiza.
MDQ comienzos de SXX
Mar del Plata en sus primeros años.
Mar del Plata: Si bien no evoca a ninguna persona es curioso anotar que fue sugerido por su fundador, Patricio Peralta Ramos; pero en el debate parlamentario en que se trataba su fundación, el senador bonaerense Carlos Ortiz de Rozas manifestó que le parecía ridículo que una porción de tierra llevara la palabra Mar en su nombre.
Miramar: José María Dupuy le propuso a su cuñado Fortunato de la Plaza, dueño de las tierras que se lotearían, el nombre Mira Mar en un telegrama. En el mismo mensaje daba las opciones de Rómulo Otamendi, asociado al empredimiento. Las sugerencias de Otamendi eran Trouville o Gijón. De la Plaza optó por Mira Mar.
Santa Clara del Mar: Recibió el nombre por Clara Anchorena de Uribelarrea, quien fuera titular del campo de 400 hectáreas que contenía esas playas.
Pinamar: Cuando Valeria Guerrero y Jorge Bunge resolvieron asociarse en el proyecto del balneario lo llamaron Pinamar por la abundancia de coníferas junto a la playa. Pero nunca se aclaró quién ideó el nombre.
Ostende: Fue fundada por el francés Jean Marie Boure y los belgas Fernando Robette y Agustín Poli, quienes lo bautizaron con el nombre del balneario homónimo en Bélgica.
Valeria del Mar: Lo propuso la mencionada Valeria Guerrero, tía de la célebre Felicitas. Pero no por ella, sino por su abuela, Valeria Cueto de Cárdenas.
Cariló: Mantuvo la denominación mapuche. Significa “médano verde”.
Villa Gesell: La historia del balneario parte del impulso de Carlos Gesell. Pero no está de más agregar que se llamaba Carlos Idaho Gesell. El extraño segundo nombre se lo pusieron por un tío que, en vez de probar suerte en nuestra tierra, se dirigió al norte, a los Estados Unidos, y se instaló en el estado de Idaho.
¿Se le habrá cruzado al fundador de Gesell llamarla Villa Idaho?

El edificio gótico de Las Heras

Cuando en 1909 el edificio de la Facultad de Derecho -en Moreno 353- comenzó a quedar chico, se pensó un cambio. El arquitecto Arturo Prins fue el padre del proyecto ganador: se trataba de una edificación de estilo francés del siglo XVII (de los tiempos de Luis XIV, el Rey Sol). Pero las autoridades de la Facultad pretendían algo de reminiscencias góticas. Prins viajó a Europa con el fin de estudiar construcciones de ese tipo y en 1912 presentó su nuevo proyecto que incluía una torre central de 120 metros de altura. Se aprobó de inmediato.
Bocetos de Prins
Sería construido en el terreno comprendido por la avenida Las Heras y las calles Azcuénaga, Pacheco de Melo y Cantilo, del barrio de Recoleta. La piedra fundamental se colocó el domingo 23 de junio de 1912. Al día siguiente, se iniciaron las obras.
El entusiasmo inicial fue desmoronándose. El Estado retaceó los fondos para la construcción y los trabajos se paralizaron en 1914: el estallido de la Primera Guerra Mundial marcó otras prioridades. La actividad se retomó en 1919 cuando Prins logró que se entregara una partida de seis millones de pesos que incrementaron los tres asignados al principio. Fue todo lo que obtuvo. Eso le impidió seguir adelante. Efectuó nuevos reclamos, pero no surtieron efecto. A fines de 1925, con el edificio gótico a medio construir, se instaló allí la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.
Como ocurriera con la sede de Moreno 353 (que hoy ocupa el Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti), llegaría el tiempo en que el inconcluso edificio de Las Heras no alcanzaría para albergar a todos los estudiantes. El arquitecto propuso cambios, no lo escucharon. Tuvo lugar, entonces, un hecho insólito durante la maratónica sesión del Congreso del 23 y 24 de diciembre de 1938 para debatir el presupuesto de 1939. Se presentó en el recinto el ministro de Justicia e Instrucción Pública, Jorge E. Coll (de la presidencia de Roberto M. Ortiz) a las seis y media de la mañana del 24 para solicitar que se destinara una partida a la construcción de un nuevo edificio para la Facultad de Derecho.
El doctor Coll sostuvo que era más económico encarar un nuevo proyecto, que continuar con el que se había iniciado en 1912. Luego de un intenso debate en donde la oposición manifestó la desprolijidad que significaba aparecerse a las seis de la mañana con semejante pedido, los votos oficialistas empujaron la iniciativa. Esa mañana murió el proyecto gótico de Prins. Y en octubre de 1939, murió Prins.
El Estado cedió un terreno municipal que usufructuaba Obras Sanitarias de la Nación en las avenidas Centenario (hoy Figueroa Alcorta) y Pueyrredon. La nueva obra demandó algunos años y se concluyó en 1949. El 20 de abril, el director, el decano y los profesores realizaron el simbólico acto de abandonar las aulas de Las Heras y caminar hasta la nueva sede en Figueroa Alcorta. La primera dama, Eva Perón, pidió que la inauguración oficial se postergara hasta el 21 de septiembre, por ser el Día del Estudiante.
¿Qué ocurrió con el edificio inconcluso de Prins? Se convirtió en sede de la Facultad de Ingeniería. Los memoriosos de los años ’60 y ’70 recuerdan que muchos, al pasar por su frente, se persignaban.

Breve historia del Día del Estudiante

Desde la Edad Media, los gremios celebran su día. Estos festejos estaban relacionados con el santo patrono de cada profesión. Los músicos celebraban el día de Santa Cecilia, 22 de noviembre. Mientras que el 1 de diciembre los orfebres recordaban a San Eligio, su santo patrono. La costumbre de que cada gremio celebre su día se mantiene, aunque despojado del elemento religioso. Pero, ¿cómo se originó el Día del Estudiante? Fue a partir de la propuesta de Salvador Debenedetti, presidente del Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras. En 1902, Debenedetti (18 años) propuso que en su facultad se celebrase el “Día de los Estudiantes” el 21 de septiembre, como homenaje a Domingo Faustino Sarmiento. ¿Qué tenía que ver el Padre del Aula con la fecha? El 21 de septiembre de 1888, sus restos mortales llegaron a Buenos Aires, luego de ser repatriados desde Asunción (había muerto el 11 de septiembre).
La idea del estudiante Debenedetti -que luego sería un arqueólogo de renombre- se impuso, primero en su Facultad y luego en otras. Los primeros 21 de septiembre estudiantiles se limitaron a actos universitarios, en los que los oradores exaltaban el empeño de los alumnos. También quedó la costumbre, en todo el país, de que los jóvenes llevaran una ofrenda floral al monumento de Sarmiento.
Muy pocos años después, en enero de 1908, el Primer Congreso de Estudiantes Sudamericanos reunido en Montevideo estableció esa fecha para celebrar su día. El 21 de septiembre de 1908, los estudiantes uruguayos tomaron la iniciativa e invitaron a sus pares brasileños a su país para agasajarlos. Esto hizo que las celebraciones en nuestra tierra tomaran otro camino. Estudiantes de la ciudad de La Plata invitaban a estudiantes porteños, a un paseo por el bosque. Otros salían a dar una vuelta por el delta del Tigre (como los que vemos en la foto principal). Otros realizaban obras de teatro. Cada año se organizaban concursos de afiches en los que por lo general se reflejaba el sacrificio del estudiante o se caricaturizaba una mesa de examen. En varios puntos del país surgieron las comparsas estudiantiles.
Los festejos arrancaban el 20 de septiembre y culminaban al día siguiente. En 1914, un grupo de estudiantes alquiló el Palais de Glace, en Recoleta, para llevar adelante un festival. Otros se dieron cita en el Hotel Savoy, donde les prepararon una comida. De esta manera, las celebraciones fueron multiplicándose, con tono festivo y ánimo de esparcimiento.
Pronto se sumaron las excursiones a espacios verdes, donde los varones llevaban una pelota y armaban un picado. Pero, sobre todo, la confraternidad estudiantil se ponía de manifiesto en esos días. En 1917, un grupo de alumnos uruguayos invitó a una veintena de pares porteños, a un paseo por Colonia de Sacramento. Para 1919, ya se organizaban bailes del Día de los Estudiantes. En la década de 1940, los festejos se limitaban a un paseo de excursión o una fiesta con baile.
En los años 50 y 60, se estableció la costumbre de celebrar el Día de la Primavera en las principales ciudades del país. En Buenos Aires, por ejemplo, la avenida Santa Fe (ver foto) se convertía en peatonal, las vidrieras de los negocios se adornaban, grandes y chicos repartían flores y cantaban. Los estudiantes de todos los niveles se sumaban a estos festejos.
Las celebraciones llevan más de cien años. Persisten, tal vez con otro tipo de actividades que las originales. Pero mantienen el espíritu alegre y jovial que tuvieron los precursores.

El creador del Día de Animal murió el Día del Animal

Ignacio Lucas Albarracín, sobrino de Sarmiento, creó la Sociedad Protectora de Animales en 1869. Inició campañas para terminar con las corridas de toros y la práctica del tiro a la paloma en el país. Logró, en 1885, que las frecuentes riñas de gallos dejaran de ser legales. Hasta convenció a Bartolomé Mitre de que se deshiciera de un bravo gallo reñidor invicto y que fuera vicepresidente de la Sociedad Protectora. Además, en 1908 Albarracín ideó el Día del Animal. Su intención era festejarlo con los estudiantes en el zoológico para lograr que tomaran conciencia del daño que podía causar en las especies por la estupidez humana.
Necesitaban definir un día para las celebraciones. Albarracín se reunió con el director del Zoo, Clemente Onelli. Decidieron que el gran festejo debía llevarse a cabo entre el 20 y 30 de abril. La propuesta fue criticada ya que muchos opinaban que ese día de fiesta para los estudiantes convendría trasladarlo a la primavera, con temperaturas más benignas para pasear por el zoológico y animales que no se recluyeran por el frío.
A pesar de las quejas, Albarracín y Onelli mantuvieron su postura. Los organizadores optaron celebrar el Día del Animal el miércoles 29 de abril. Todo estaba preparado para el gran festejo, pero debió suspenderse por lluvia. La nueva fecha, el 2 de mayo, sí pudo llevarse a cabo y el zoológico recibió a 15.000 estudiantes primarios en un día sin nubes. Asistieron el presidente Figueroa Alcorta y el intendente Manuel J. Güiraldes. El coro de la escuela Presidente Roca cantó un himno a la Naturaleza, se soltaron 500 palomas mensajeras y hasta una banda ejecutó el himno a Sarmiento.

Suele creerse que la fecha del Día del Animal está relacionada con la muerte de Albarracín



La Fragata Sarmiento y el presupuesto

Con 337 hombres a bordo, el domingo 1 de febrero de 1903 arribó a Buenos Aires la Fragata Sarmiento, completando un nuevo viaje de instrucción que la había llevado durante 140 días de navegación por 31 puertos: Bahía, San Vicente, Cadiz, Lisboa, Ferrol, Bilbao, Brest, Cherburgo-Octeville, Portsmouth, Oslo, Copenhague, Estocolmo, Kronstadt, San Petesburgo, Riga, Stettin, Kiel, Hamburgo, Wilhelmshaven, Newcastle, Amsterdam, Amberes, Londres, Le Havre, Plymouth, Dublin, Glasgow, Liverpool, Birkenhead, Las Palmas y Río de Janiero.
En esos días la prensa debatía acerca de los viajes de instrucción. Aquí, un recorte del diario La Nación, del jueves 5 de febrero:

El último viaje de instrucción que realizó la Fragata Sarmiento fue en el año 1938. Desde 1964 cumple funciones de buque museo.
Puede visitarse en Puerto Madero (a la altura de Alicia Moreau de Justo 980), todos los días, de 10 a 19 hs. La entrada vale $ 2. Menores de 5 años no pagan.

El padrinazgo presidencial

El 8 de octubre de 1907 nació en Coronel Pringles (provincia de Buenos Aires) el séptimo hijo varón de Enrique Brost y Apolonia Holmann, un matrimonio de inmigrantes de origen alemán denominados rusoalemanes debido a que provenían del Volga. Por ese motivo, acudieron a las autoridades y solicitaron que el Presidente de la Nación apadrinara a su hijo, siguiendo la tradición en Rusia de que el zar tomara como ahijado al séptimo varón.
El trámite se resolvió con bastante rapidez. El presidente José Figueroa Alcorta aceptó gustoso el padrinazgo y el bautismo tuvo lugar el 20 de octubre en Coronel Pringles, 130 kilómetros al noreste de Bahía Blanca. El doctor Manuel Gascón, comisionado municipal, actuó como representante de Figueroa Alcorta. La madrina fue Berta Sieder (16 años), amiga de Apolonia. Se reunieron frente a la sede municipal, donde la banda musical tocó los acordes del Himno Nacional Argentino. Luego marcharon a la parroquia Santa Rosa de Lima en caravana: los Brost con sus siete varones, los padrinos y el vecindario.
El presbítero Jesús Alfonsín bautizó a la criatura con el nombre de su ilustre padrino: José. Terminado el acto, se realizó una fiesta en la sede comunal. Los asistentes brindaron con champagne y Gascón entregó a los Brost un retrato del presidente con su autógrafo.
A partir de aquel día se instauró como tradición el padrinazgo presidencial para el el séptimo hijo varón, sin necesidad de que fuera de origen ruso. En la foto vemos los siete hijos de la familia Rodríguez, de la localidad de French, en el centro de la provincia de Buenos Aires. El más pequeño fue ahijado de Roque Sánez Peña.
El 28 de septiembre de 1974, el padrinazgo presidencial se transformó en ley y se extendió el derecho a la séptima hija mujer. ¿Qué beneficio obtiene un ahijado del Presidente? Se lo beca en sus estudios primarios, secundarios y universitarios.